En 2004 tomé una decisión que parecía extraña: dejé de ver televisión. Veinte años después estoy aplicando la misma lógica a las redes sociales.
La primera desconexión
Justo comenzaba mi carrera en agencias de publicidad, donde parecía obligatorio ver televisión para conocer los spots y las tendencias. Sin embargo, esa desconexión terminó abriéndome otras puertas.
Internet se convirtió en una fuente emergente de información, mientras la música, la lectura, los viajes, la vida social y el deporte alimentaban mi creatividad de una forma mucho más diversa.
Cuando las redes comenzaron a decidir por mí
Años después reconocí un impulso parecido: revisar notificaciones y buscar el me gusta como una pequeña dosis de dopamina. Entendí que, si no establecía límites, las redes comenzarían a controlarme.
Decidí recuperar el control y hacer que las plataformas trabajaran para mí, no al revés.
Tres cambios para recuperar la atención
No seguí una fórmula complicada. Cambié algunas condiciones del entorno para depender menos de la fuerza de voluntad.
- Desactivé las notificaciones y elegí cuándo revisar mis redes y WhatsApp.
- Establecí límites de tiempo para visualizar con claridad cuánto destinaba a cada plataforma.
- Volví a actividades que generan bienestar fuera de la pantalla, especialmente correr y explorar la naturaleza.
No se trata de eliminar las redes
Trabajo con redes sociales y son una fuente importante de ingresos. El objetivo no es borrarlas de nuestras vidas, sino aprender a usarlas de una forma inteligente, equilibrada y saludable.
La dopamina no está solo en un me gusta. También aparece en una conversación, un paseo, el deporte o un proyecto personal. Las redes son herramientas poderosas, pero la posibilidad de decidir cómo usarlas sigue estando en nuestras manos.
